una mañana de enero

Una luz roja iluminó tenuemente la habitación, casi al instante se oyó la alarma de un despertador. El la cama dormía una mujer de edad indefinida, más cerca de los 40 que de los 30. La alarma seguía sonando, después de unos segundos calló, una mano había caído sobre el reloj haciéndole rodar por el suelo.

La mujer se sentó desperezándose en la cama, apoyo los pies en el suelo, rascándose el pelo alborotado y buscando a tientas a bata caída en el suelo, sin encender ninguna luz …. casi sin abrir los ojos.

Lentamente se fué hasta el baño, se oía correr el agua, durante más de media hora no se oyó nada más que el correr del agua, al fin salió envuelta en un albornoz rosa y una toalla enroscada en la cabeza, se dirigió a la cocina, ya allí calentó un poco de leche en el micro ondas y sao una naranja del frigorífico para hacerse un zumo, mientras tanto encendió un cigarrillo con el mechero que llevaba en el bolso del albornoz, y así se quedo sentada en medio de la cocina mirando sin ver los baldosines, como hipnotizada por su blancura fluorescente.

Un ruido extraño que venía del pasillo la hizo volver a la realidad, salió corriendo hacía la habitación, encendió la luz y vio en el suelo mirándola con unos ojos que se le salían de las órbitas a un hombre que alargaba hacía ella su mano pidiendo ayuda, con la otra se cogía el pecho.

Se paro en seco, impasible en el quicio de la puerta, y poco a poco retrocedió alejandose del hombre, fue de nuevo hasta el baño, abrió la puerta del botiquín y en de repente se paro en seco, frunció el ceño y cerró la puerta del armarito sin haber cogido nada.

Volvió tras sus pasos, allí seguía el hombre, pero ya no se movía, sus ojos seguían abiertos, pero ya no respiraba. Tranquilamente bordeo la cama, levantó la persiana, espero unos minutos, quieta sin mover ni un músculo y al cabo de un rato cogió el teléfono que estaba en la mesilla de noche y llamo a una ambulancia.

Sacó del armario un vestido nero, unas medias negras, se vistió, lentamente y después de ponerse los zapatos se dio la vuelta para mirar al hombre muerto con una leve sonrisa en los labios.